Siguiendo un plan que premeditaba el exterminio de los republicanos, un franquista, de mano firme y alma helada, decidió, el 12 de septiembre de 1936, que el barranco de Barriguelo era el lugar ideal para masacrar. ¿Por qué perder tiempo paseando a las futuras víctimas por las carreteras o salpicando las paredes de los cementerios?
Entonces las colinas circundantes vieron la tierra abrirse para recoger los cuerpos de los torturados, sin poder responder a la persistente pregunta: ¿por qué tal estallido de odio y violencia?
Entonces, después de estas noches de horror, las viudas y descendientes de las víctimas decidieron pisotear la tierra del barranco para que nada creciera. Para mostrar a los verdugos la insoportable falta que han cometido. No se limitaron a asesinar a sus oponentes políticos. Continuaron humillando a las familias de estos oponentes con la más extrema ferocidad.
Tras el fin de la dictadura, muchas preguntas acosaron a las familias. Entre las que estaban la apertura de la fosa común de La Barranca, la deconstrucción del franquismo y la recuperación de la memoria histórica y democrática.


Deja una respuesta